No me lo van a creer, ¡ni siquiera lo imaginaban! Hace algunos años existió un extraño insecto. ¿Adivinen en dónde? ¡Uh!, no, andan muy lejos. Pero créanme no sé por que razón, allá, si, allá, en el inmenso cielo; nació un animalito tan distinto a los demás. ¿Pero en dónde?, -se preguntaran. ¡Claro! en una refulgente estrella.
Su aspecto era muy gracioso, sus ojotes saltarines, su andar de charrito y, no sé, me parecía demasiado chistoso.
Tenia el cuerpo en forma de huevo; su tamaño como el de un balón, unas alotas tremendas parecidas a las de las cucarachas y unas antenitas que producían un chasquido.
Su vida era caminar, caminar, descansar, descansar. Y de vez en cuando le daba por contemplar el horizonte en busca de otros seres con los cuales pudiera convivir; pero no había nadie, sólo él, únicamente él. ¡Qué triste a de ser el vivir solo! Sin nadie que te diga ¡hola!; Sin nadie a quien contarle tus penas o alegrías.
Su cuerpo se iluminaba a cada paso que daba produciendo un hermoso color. Color que era opacado por el brillo de la inmensa estrella.
-¿Qué hago en este mundo? ¡Qué triste vida la mía! ¿Habrá otros seres en algún otro lugar? ¿Habrá alguien con quien platicar y jugar? –su queja lastimera se perdía en el espacio y todas sus preguntas parecían no tener respuesta.
El querer encontrar vida, ritmo, palpitar, se le volvió una obsesión; y un día, un maravilloso día, aprovechando el paso de un cometa se lanzó a esta fascinante aventura:
Se dirigió al no se dónde. Al lugar de sus sueños. Por comida no sufrió: comía polvitos de la Vía Láctea y probaditas de nube.
De que hubo peligros los hubo. En ocasiones la lluvia lo arrollaba y los fuertes vientos lo hacían tambalearse y por poco cae del cometa. Aún así disfrutó de su viaje y lo que parecía increíble resulto posible. ¡Si, tierra a la vista! No lo podía creer, había llegado al planeta Tierra. Había mucha gente, muchos animales y algunas cosas raras que se movían y echaban humo.
¡Había logrado realizar su sueño! Al fin tendría con quien compartir sus emociones, sus sentimientos y a no estaría solito.
Haciendo uso de sus alas se desplazó al paraíso. Era como si la luna se viniera sobre la Tierra.
-Yo sentí miedo, pensé que era un ovni o tal vez una bruja. Y no es que haya logrado vencer el miedo ¡Quedé paralizado! Con mucho, mucho miedo. Y allí muy cerca de mi, estaba ese horrendo ser.
-Se acercó a mí y con un extraño saludo me dio a conocer que era un animal de paz. – kiti-rik klick klick pist kuiz pist.
-Poco a poco fui agarrando confianza y me hice amigo de él.- me contó que él vivía en una estrella y que allí nada mas él existía.
-Le dije que yo era un niño y que mi nombre era Edi Edwin y que me encantaba jugar y cantar.
-Chiqui ris tri pir prin klin kuitch- ¡A él también le fascinaba!
-¿Cómo te llamas?- le pregunté y él me contestó:
-No tengo nombre – moviendo su cabeza de lado a lado.
-Entonces se me ocurrió ponerle el nombre de “Click” y a él le gustó mucho
-Kuiti kuau, patchi!
Yo le enseñé como se llamaba cada cosa y el aprendió rápidamente. Era demasiado inteligente-. En muy poco tiempo aprendió a hablar mi idioma.
-Me pidió que lo llevara con mis papás y yo le dije que eso no podía ser ya que no sabía como reaccionarían mis padres.
-Quiero tener más amigos, preséntame con tus compañeros.-insistió click de una manera suplicante.
-Le dije que lo lamentaba pero que eso no iba a ser posible.
-¿Pero por qué? -reprochó Click.
-La gente es muy mala aquí en la Tierra, si te ven querrán matarte.
-¡Oh!, no y yo que pensé que me la pasaría muy bien.- se afligió el buen Click.
En eso estábamos cuando se escucharon ruidos y voces. – Era una muchedumbre que había visto bajar aquella bola de luz.
Tuve que esconder a Click, por que si la gente lo veía, no quiero ni pensar lo que podrían hacer. – Su búsqueda fue infructuosa.
Mas, como la gente es muy terca; al día siguiente nuevamente lo buscaron y lamentablemente lo encontraron.
Desesperadamente les pedí que no le hicieran daño. ¡Que era mi amigo, el hijo de las estrellas! Mi llanto no logró que no se lo llevaran.
Me ignoraron apartándome de tajo.
El me extendía sus alitas suplicándome ayuda, pero yo no pude hacer nada por salvarlo.
La gente es mala, causa dolor, no le importa hacer sufrir con tal de lograr lo que quiere.
Vendieron a Click a unos científicos de mal corazón. Quienes después de examinarlo y no encontrar nada extraordinario; decidieron eliminarlo pensando que podría provocar una enfermedad mortal por medio de sus destellos. – No les era útil solo era un ser raro y diminuto.
Pero yo no me podía quedar de brazos cruzados.- Al amigo hay que extenderle la mano.
Aprovechando un descuido de los guardias, me introduje al cuarto en donde lo tenían y no sé cómo logré desatarlo. Él, aunque en muy mal estado; tenía aliento para decirme con una sonrisa que agradecía el haberme conocido.
-¡Rápido! ¡Huye! Vuelve a tu mundo. – Le supliqué con impaciencia.
-Me solicitó que lo acompañara a las estrellas. – Le dije que me encantaría pero que mi vida es tan distinta a la de él. Que sin alimento moriría y que sin mi familia me sentiría un ser completamente triste.
Nos despedimos como lo suelen hacer los grandes amigos. El me recordaría como el niño que le salvó la vida y le brindó su confianza y cariño. Y yo agradezco el haberlo conocido por que me enseñó lo que es una verdadera amistad; en donde no existe la maldad, ni la avaricia, ni el egoísmo.
-Lo vi marcharse en un rápido vuelo. Las nubes lo envolvieron y aún así escuchaba el canto de su aleteo.
Mi amigo Click, está feliz, pues desde la Tierra lo puedo mirar como una lucecita en aquella lejana estrella. Su palpitar me dice que la vida es bella.
domingo, 15 de noviembre de 2009
MI AMIGO CLICK
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