¡Uy, que mello! Imaginarme dentro de un ataúd. En ese mundo tan oscuro; y percibir el olor a flores que indican que hay “dijunto”. ¡Toca madera! ¡Zacarràjate, ave de mal agüero! Yo quiero seguir vivito. Tá caranchos que de un día para otro tus pasos se detengan, y como es casi seguro queden planes sin concretar. Nomb’e yo aquí estoy bien.
Me aferro a la vida, me encanta el guateque. ¡Ay Diosito, olvídate de mí ¡Para que te puedo servir allá arriba, no te voy a dejar a los demás en paz. ¡Jah!, ya me imagino haciéndole bromas y travesuras a todo cuanto me encuentre. Ni te mortifiques mi Dios, como le harías para conectar una tele en el cielo, te imaginas todo el despapaye que haría poniendo a toda la racilla a bailar.
No se de dónde me salió este temor a morir. Sólo recuerdo que de pequeño mi abuelita Petra, me llevaba a los velorios; miraba a la gente llorar y a otros rezar, pero había algo que me agradaba: “comer tamalitos con café”. (Me pregunto, que hacía yo , en ese mundo de grandes, donde los niños tiene prohibido jugar. Y por que tanto Dios te salve María….).
Un día vi que un avión tiraba papelitos; y escuche a un niño decir: que se acababa el mundo. Los papelitos no hablaban de nada de eso, era tan sólo un anuncio de una marca de cigarros.
Hacia poquitos días que había visto a unos señores con corbata y un maletín, anunciando las buenas nuevas: EL FIN SE ACERCA ¿Estas preparado? ¿Te gustaría vivir en un mundo en donde todos seamos hermanos? Donde podamos convivir: animales y personas. Qué hermoso sería ¿verdad? Y yo, no sé, pero eso a mi me erizaba la piel.¡Voy a morir!, ¡pero si apenas soy un niño! Me quitaron muchas de mis ilusiones: yo era un guerco latoso que ya disfrutaba del paraíso. A mí que me importaba andar acariciando leones, si con acariciar perros y gatos era feliz.
Desde ese entonces no he logrado la tranquilidad, siempre estoy con el temor de que en cualquier momento tenga que decir adiós. Hoy ya soy un adulto y esa idea no me convence.
A qué se deberá que hay personas que tienen una foto de su ser querido de ese momento en que lo están velando. Por qué les pondrán un algodón en la boca y los oídos _ al menos, al familiar de una persona cercana eso le hicieron_.Recuerdo que siendo apenas un chiquillo, iba a esa casa a jugar y cuando me metía al cuarto veía la foto y me quedaba estático, en ese instante como que se me acababa el chasquido.
Como que una voz con eco me decía: “un día tú también vas a estar así”.
Admiro a aquellos que dicen: Yo ya viví, total, un día más, un día menos. En realidad me gustaría ser eterno. Si me escuchara mi esposa diría: Sí, con esa vida que llevas, lo vas a lograr, nomás te la pasas echado, no haces ejercicio y tragas como marrano.
Viéndolo bien tiene razón y eso que tengo suerte.
Recuerdo el día que me aventé de arriba de la casa a caer sobre un montón de arena, con la mala fortuna de que me resbalé y caí de cabeza, fue un instante tan rápido, que ni tiempo me dio de pensar que podía fallecer. Me cubrí con los brazos, ¡eh, increíble!, sólo llevé un fuerte raspón en los dedos de los pies; también viene a mi memoria ese día que iba por la carretera, montado en mi bicicleta, llevaba un cuadro de madera que se atoró entre la llanta delantera y mi pie, haciéndome perder el equilibrio, justo en el puente del río Tigre ¡vaya sustazo! ; la bicicleta se fue en picada y yo aterrado trataba de no caerme, en algunos instantes iba en el aire y en otros bote y bote, entre piedras y zacate. Hubiese llegado a la parte plana de no ser por que el rìn se enchueco. De lo que sí no me salvé, fue de una pequeña cortada en la muñeca, que me recordó a los enamorados que se suicidan, sufrí pensando que me pasaría lo mismo. ¡Y qué golpazo me di en la rodilla! Hasta la fecha de ves en cuando ciento un dolorcillo, que se me pasa conforme me estoy sobando.
La vez que si estuvo difícil fue cuando trabajaba en la obra de la construcción. Llevaba yo una carretilla con concreto, cuando de pronto de lo alto de una casa concluida, se escucha un grito desesperado: ¡Cuidadooo! Volteé y a un lado mío cayó un enorme muro. ¡Uff! ni con casco me hubiera salvado. Y podría seguir platicando de otras aventuras, como la ocasión en que nos encontramos de frente un autobús exactamente al dar la vuelta en una curva de la carretera a Aldama, Tamaulipas, sentí que un frío intenso recorrió lentamente mi frente, hasta llegar y hacer conmocionar mi pecho.
Afortunadamente cada quien iba por su carril y solo fue un efecto de visión.
Eso y tantas cosas mas de las cuales eh salido bien librado.
Para mi la muerte es algo que no me deseo. Si yo fuera Dios, le pondría a cada quien un corazón noble y una sonrisa interminable.
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