lunes, 16 de noviembre de 2009

EL ATAUD SIN DUEÑO

¡Uy, que mello! Imaginarme dentro de un ataúd. En ese mundo tan oscuro; y percibir el olor a flores que indican que hay “dijunto”. ¡Toca madera! ¡Zacarràjate, ave de mal agüero! Yo quiero seguir vivito. Tá caranchos que de un día para otro tus pasos se detengan, y como es casi seguro queden planes sin concretar. Nomb’e yo aquí estoy bien.

Me aferro a la vida, me encanta el guateque. ¡Ay Diosito, olvídate de mí ¡Para que te puedo servir allá arriba, no te voy a dejar a los demás en paz. ¡Jah!, ya me imagino haciéndole bromas y travesuras a todo cuanto me encuentre. Ni te mortifiques mi Dios, como le harías para conectar una tele en el cielo, te imaginas todo el despapaye que haría poniendo a toda la racilla a bailar.

No se de dónde me salió este temor a morir. Sólo recuerdo que de pequeño mi abuelita Petra, me llevaba a los velorios; miraba a la gente llorar y a otros rezar, pero había algo que me agradaba: “comer tamalitos con café”. (Me pregunto, que hacía yo , en ese mundo de grandes, donde los niños tiene prohibido jugar. Y por que tanto Dios te salve María….).

Un día vi que un avión tiraba papelitos; y escuche a un niño decir: que se acababa el mundo. Los papelitos no hablaban de nada de eso, era tan sólo un anuncio de una marca de cigarros.

Hacia poquitos días que había visto a unos señores con corbata y un maletín, anunciando las buenas nuevas: EL FIN SE ACERCA ¿Estas preparado? ¿Te gustaría vivir en un mundo en donde todos seamos hermanos? Donde podamos convivir: animales y personas. Qué hermoso sería ¿verdad? Y yo, no sé, pero eso a mi me erizaba la piel.¡Voy a morir!, ¡pero si apenas soy un niño! Me quitaron muchas de mis ilusiones: yo era un guerco latoso que ya disfrutaba del paraíso. A mí que me importaba andar acariciando leones, si con acariciar perros y gatos era feliz.

Desde ese entonces no he logrado la tranquilidad, siempre estoy con el temor de que en cualquier momento tenga que decir adiós. Hoy ya soy un adulto y esa idea no me convence.

A qué se deberá que hay personas que tienen una foto de su ser querido de ese momento en que lo están velando. Por qué les pondrán un algodón en la boca y los oídos _ al menos, al familiar de una persona cercana eso le hicieron_.Recuerdo que siendo apenas un chiquillo, iba a esa casa a jugar y cuando me metía al cuarto veía la foto y me quedaba estático, en ese instante como que se me acababa el chasquido.
Como que una voz con eco me decía: “un día tú también vas a estar así”.

Admiro a aquellos que dicen: Yo ya viví, total, un día más, un día menos. En realidad me gustaría ser eterno. Si me escuchara mi esposa diría: Sí, con esa vida que llevas, lo vas a lograr, nomás te la pasas echado, no haces ejercicio y tragas como marrano.
Viéndolo bien tiene razón y eso que tengo suerte.

Recuerdo el día que me aventé de arriba de la casa a caer sobre un montón de arena, con la mala fortuna de que me resbalé y caí de cabeza, fue un instante tan rápido, que ni tiempo me dio de pensar que podía fallecer. Me cubrí con los brazos, ¡eh, increíble!, sólo llevé un fuerte raspón en los dedos de los pies; también viene a mi memoria ese día que iba por la carretera, montado en mi bicicleta, llevaba un cuadro de madera que se atoró entre la llanta delantera y mi pie, haciéndome perder el equilibrio, justo en el puente del río Tigre ¡vaya sustazo! ; la bicicleta se fue en picada y yo aterrado trataba de no caerme, en algunos instantes iba en el aire y en otros bote y bote, entre piedras y zacate. Hubiese llegado a la parte plana de no ser por que el rìn se enchueco. De lo que sí no me salvé, fue de una pequeña cortada en la muñeca, que me recordó a los enamorados que se suicidan, sufrí pensando que me pasaría lo mismo. ¡Y qué golpazo me di en la rodilla! Hasta la fecha de ves en cuando ciento un dolorcillo, que se me pasa conforme me estoy sobando.

La vez que si estuvo difícil fue cuando trabajaba en la obra de la construcción. Llevaba yo una carretilla con concreto, cuando de pronto de lo alto de una casa concluida, se escucha un grito desesperado: ¡Cuidadooo! Volteé y a un lado mío cayó un enorme muro. ¡Uff! ni con casco me hubiera salvado. Y podría seguir platicando de otras aventuras, como la ocasión en que nos encontramos de frente un autobús exactamente al dar la vuelta en una curva de la carretera a Aldama, Tamaulipas, sentí que un frío intenso recorrió lentamente mi frente, hasta llegar y hacer conmocionar mi pecho.
Afortunadamente cada quien iba por su carril y solo fue un efecto de visión.
Eso y tantas cosas mas de las cuales eh salido bien librado.

Para mi la muerte es algo que no me deseo. Si yo fuera Dios, le pondría a cada quien un corazón noble y una sonrisa interminable.

SAPITOTOTE

Resulta que en Ayacub, lugar remoto en donde las montañas crispan nieve. Existió un enorme sapo que oscilaba entre los dos y tres metros de altura. Era un sapo feo,_no sé si haya bonitos _ negro y con manchas verdes; además unas erupciones de color amarillo que le daban un aspecto_¡guahg!_repugnante. Sus enormes ojos rojos parecían salirse de sus cuencas. Todo él: una plasta de despiadada asquerosidad.

Con sus saltos impresionantes sobrepasaba las copas de los árboles y al caer en tierra provocaba un fuerte estruendo; a la vez una enorme nube de hierba y polvo, desdibujaba el ambiente; tornándolo grisáceo y desparpajado.

Era la vida del sapo siempre la misma canción. Después de sus recorridos, terminaba abatido y ya muy pasada la noche, se refugiaba en una cueva que se encontraba en las cercanías del bosque. Durante el día se dedicaba a comer y más comer; atemorizando a los insectos y bichos que merodeaban el lugar. ¡Pobrecitos animales, con el tiempo, todos serían presa del descomunal sapo!

Sus desechos eran gigantescos y con un olor ¡uff! Insoportable, hasta los árboles se encogían con tal desagradable panorama.

Cuando era pequeño el sapo _ un metro de altura _ sintió la necesidad de recorrer otros lugares, para saciar su hambre, pero fue ya de grande cuando decidió marcharse hacia el lugar de las antorchas.

La gente se atemorizo ante tan macabro hallazgo.

_ ¡Corran, huyan un monstruo se acerca! ¡Es enorme, por piedad, nos va a mataaar!
No hubo un valiente que lo enfrentara. Todos huían despavoridos; mientras la mole de grasa continuaba con su recorrido. Cuando la gente se cansó de correr, espero lo peor, mientas el sapo seguía embistiendo todo a su paso. Es sabido que los sapos no comen carne humana, mas quién va a reflexionar en esto cuando esa enorme alimaña se acercaba. Tenían miedo de morir devorados. Se imaginaban como poco a poco sus miembros serían cercenados por las fauces de ese indómito animal. La aldea era un completo caos; desenfrenada avalancha de pánico. El sapo terminó agotado_ apostándose allí a un lado de un árbol y una de las casas _ increíble, estaba dormido la gente lo veía ahí y creyeron que era el momento oportuno para matarlo.

_¡No, su piel es muy gruesa, sólo provocaríamos su furia!_señaló alguien.
_ ¿Pero, entonces que hacemos?_se escuchó otra voz preocupada.
_Esperemos a que se vaya_dijo uno de los presentes.

Cuando el sapo despertó (estaba más tranquilo, demasiado tranquilo), tenía una mirada aunque no lo crean: tierna, cariñosa… amigable. Sí, estaba sorprendido de ver esos animales extraños que a diferencia de otros caminaban con dos patas levantadas, ¡ah! y que tenían la capacidad de gruñir en muchísimas formas._Eran unos verdaderos merolicos_. Completamente unos payasos, pues cubrían sus cuerpos y se sentaban en objetos que ellos mismos fabricaban. _Total, así es el mundo, pensaba el sapo.

Recobrados del asombro los moradores de Ayacub, vieron que el sapo no era malo, sólo demasiado extraño; y aún con un poco de temor, dos de los habitantes de esa bella región, se fueron acercando sigilosos; encontrando que el sapo en lugar de atacarlos parecía sonreírles. Eso les dio la suficiente confianza para llegar y casi tocarlo.
Esperaremos a que se aleje _ dijo uno de ellos _ para que recobremos nuevamente la paz.
Mas pasaron las horas y el sapo no daba indicios de quererse marchar.
_Tengo una idea, una magnifica idea_ expresó el líder de los aldeanos_. Lo alimentaremos e invitaremos a los pueblos cercanos a que vengan a conocer a éste fantástico animal. Y así lo hicieron; mucha gente venía de los alrededores para ver al sapo y a la vez pagaba por hacerlo.

Los aldeanos estaban muy contentos, ya que en su nuevo empleo, verdaderamente les iba muy bien. Hasta se las ingeniaban para hacer crecer su negocio. Ya que también cobraban: por el niño o adulto que deseara dar un breve paseo. Lástima que en ese tiempo todavía no se había inventado la cámara fotográfica, si no hubiese sido un negocio redondo.

¡Quién lo iba a imaginar que todo terminaría de una manera extraordinaria! En cuanto había oportunidad; el sapo y los aldeanos pasaban momentos muy pero muy felices. Al sapo le encantaba jugar fútbol y siempre quería ser portero, pero los aldeanos casi no lo dejaban jugar en esa posición ya que dejaba muy poco margen para anotar gol y eso que la portería de él la ampliaban al doble. Como en ese tiempo no había balones, se las ingeniaron para hacer una enorme bola de zacate; lo malo era que cuando el sapo metía gol, nadie lo quería cargar. En cambio el los besuqueaba a todos. En otras ocasiones los aldeanos le levantaban las patas traseras al sapo como si fuera una carretilla y el iba haciendo con la trompa: croac, croac, croac, croac. Y al momento todos pegaban la carcajada.

Nuestro querido sapo al que habían puesto por nombre sapitotote, con el paso de los días ya era un viejo y achacoso anfibio. Al que lamentablemente muy pronto le dirían adiós; mas tendrían el consuelo de escucharlo croar desde lo alto del cielo, cuando las lluvias torrenciales se besaran con la Tierra.

Llegó el día que nadie quería, Sapitotote tuvo que marchar al paraíso azul; increíble como la gente puede encariñarse de una mascota, haciendo surgir sentimientos escondidos: que hacen al ser humano una persona valiosa.

Cuando todo era gris como el cielo que en ese instante se torno oscuro; una intensa lluvia se presentó en la aldea. El agua no cesó hasta después de varias horas.

Al día siguiente muy temprano se escuchaba un sonido familiar: era una infinidad de ranas y sapos que al unísono croaban y saltaban de alegría. De pronto un estruendo se escuchó en las alturas y en el rostro de los aldeanos, una sonrisa de agradecimiento, se manifestó: Sapitotote seguía latiendo en cada corazón.


FIN

ESE DIA DEL MAESTRO

Ese día del MAESTRO
procuré ser más atento
con mis alumnos.
Imaginé que cumplía años
y que varios de ellos
me obsequiarían un regalo.

Hubo algunos jóvenes
que me dijeron felicidades.
Mas noté frialdad
en sus palabras;
sentí que mi presencia disgustaba,
que para ellos no importaba.

Continué hacia mi salón,
pensando: ¡Vaya tonto,
cómo fuiste a escoger
ésta profesión!
Sirves de payaso, te ignoran.
Te hacen sentir que estás
a su disposición.

Ya en la clase
tuve el premio que quería,
al sentarme no me di cuenta
que alguien con malicia
había pegado un chicle
que quedó estampado en mi pantalón.

Sentí tristeza,
sentí dolor.
¿Por qué pagarme así
cuando yo sólo busco
en el educando
la superación?

Cuando por fin terminé
con mi día de labores.
Llevaba mi alma arrastrando,
llevaba mi sonrisa encogida.
No llevaba nada…
ni siquiera ilusiones.

A punto de salir a la calle;
escucho la voz de una alumna:
¡Profe! ¡Profe!:
“Le traje este regalito”.
Simulé una sonrisa
y dije gracias.

¡Era un mugre llavero!
¡Me dieron ganas de tirarlo!
¿Es esto lo que merezco?
¿Es esto lo que valgo?
Partí a mi casa
completamente desilusionado.

Ya más tranquilo,
ya más calmado.
Recordé que esa niña
era humilde, y que tal vez,
se había quedado sin lonche
y sin refresco por hacerme un regalo.

Hoy vuelvo a clases
con el ahínco de siempre.
Esperando que algún día
alguien me diga:
Gracias a usted
en la vida he triunfado.

SER POBRE...

El ser pobre duele
y hace llorar.
Son momentos de angustia;
de desesperación procaz.

Es sentir que te ahogas
y que nadie te salvará.
Es buscar una luz
en la agónica oscuridad.

Es el abrazo de la soledad,
es el beso de las ruinas.
Es hallarte en el desierto
sin encontrar ninguna salida.

Ser pobre es humillarte,
es suplicar compasión.
Y a cambio encontrar
gestos de desaprobación.

Es buscar en el eco
palabras de consolación.
Es un cielo negro
con tormentas y truenos.

Es frío que carcome;
es risa encadenada.
Es sueño que duerme
En la inmóvil miseria.

Ser pobre es buscar solución,
es tratar de cambiar.
Es vivir en anhelos,
es querer atrapar.

Es un si pudiera,
es un si algún día.
Es brazos abiertos,
es un mar de ilusión.

Que duerme,
que calla.
Que naufraga
en su dolor.
Es el llanto de un niño
y no tener que darle de comer.
Es sed y no tener agua;
es tortura sin placer.

Cuando por fin
del bache se logra salir.
se respira aire puro,
se vuelve a sonreír.

Hay ánimo en la gente,
entusiasmo por volar.
Por correr sin tropezar.
Por volver a comenzar.

Se reflexiona el pasado,
se medita el presente.
Y florece brillante
un jardín en la mente.

Se valoran las cosas,
se sabe apreciar.
Se cultiva en el pecho
el sentimiento de la humildad.

Y se busca constantemente
no volver a caer,
en la telaraña
del pasado infiel.

Se busca el progreso,
se trazan las metas.
Se aspira la brisa,
se exhala un cantar.

SI QUIERES

Si quieres tener valor como persona
no es necesaria ni siquiera una moneda.
Basta un puñado de sonrisas,
un torbellino de cosas buenas.

Un consuelo para una pena,
un abrigo para el que tiembla.
Un canto para el que llora,
una mano para el que espera.

Basta escupir la avaricia,
basta apartar la ambición.
basta con ser bondadoso
para ser un triunfador.

Si quieres tener valor como persona
no es necesario joyas ni cadenas.
Basta un puñado de sonrisas
y un corazón que te mueva.

domingo, 15 de noviembre de 2009

MI AMIGO CLICK

No me lo van a creer, ¡ni siquiera lo imaginaban! Hace algunos años existió un extraño insecto. ¿Adivinen en dónde? ¡Uh!, no, andan muy lejos. Pero créanme no sé por que razón, allá, si, allá, en el inmenso cielo; nació un animalito tan distinto a los demás. ¿Pero en dónde?, -se preguntaran. ¡Claro! en una refulgente estrella.

Su aspecto era muy gracioso, sus ojotes saltarines, su andar de charrito y, no sé, me parecía demasiado chistoso.

Tenia el cuerpo en forma de huevo; su tamaño como el de un balón, unas alotas tremendas parecidas a las de las cucarachas y unas antenitas que producían un chasquido.

Su vida era caminar, caminar, descansar, descansar. Y de vez en cuando le daba por contemplar el horizonte en busca de otros seres con los cuales pudiera convivir; pero no había nadie, sólo él, únicamente él. ¡Qué triste a de ser el vivir solo! Sin nadie que te diga ¡hola!; Sin nadie a quien contarle tus penas o alegrías.

Su cuerpo se iluminaba a cada paso que daba produciendo un hermoso color. Color que era opacado por el brillo de la inmensa estrella.

-¿Qué hago en este mundo? ¡Qué triste vida la mía! ¿Habrá otros seres en algún otro lugar? ¿Habrá alguien con quien platicar y jugar? –su queja lastimera se perdía en el espacio y todas sus preguntas parecían no tener respuesta.

El querer encontrar vida, ritmo, palpitar, se le volvió una obsesión; y un día, un maravilloso día, aprovechando el paso de un cometa se lanzó a esta fascinante aventura:

Se dirigió al no se dónde. Al lugar de sus sueños. Por comida no sufrió: comía polvitos de la Vía Láctea y probaditas de nube.

De que hubo peligros los hubo. En ocasiones la lluvia lo arrollaba y los fuertes vientos lo hacían tambalearse y por poco cae del cometa. Aún así disfrutó de su viaje y lo que parecía increíble resulto posible. ¡Si, tierra a la vista! No lo podía creer, había llegado al planeta Tierra. Había mucha gente, muchos animales y algunas cosas raras que se movían y echaban humo.

¡Había logrado realizar su sueño! Al fin tendría con quien compartir sus emociones, sus sentimientos y a no estaría solito.


Haciendo uso de sus alas se desplazó al paraíso. Era como si la luna se viniera sobre la Tierra.

-Yo sentí miedo, pensé que era un ovni o tal vez una bruja. Y no es que haya logrado vencer el miedo ¡Quedé paralizado! Con mucho, mucho miedo. Y allí muy cerca de mi, estaba ese horrendo ser.
-Se acercó a mí y con un extraño saludo me dio a conocer que era un animal de paz. – kiti-rik klick klick pist kuiz pist.

-Poco a poco fui agarrando confianza y me hice amigo de él.- me contó que él vivía en una estrella y que allí nada mas él existía.

-Le dije que yo era un niño y que mi nombre era Edi Edwin y que me encantaba jugar y cantar.

-Chiqui ris tri pir prin klin kuitch- ¡A él también le fascinaba!

-¿Cómo te llamas?- le pregunté y él me contestó:

-No tengo nombre – moviendo su cabeza de lado a lado.

-Entonces se me ocurrió ponerle el nombre de “Click” y a él le gustó mucho

-Kuiti kuau, patchi!


Yo le enseñé como se llamaba cada cosa y el aprendió rápidamente. Era demasiado inteligente-. En muy poco tiempo aprendió a hablar mi idioma.

-Me pidió que lo llevara con mis papás y yo le dije que eso no podía ser ya que no sabía como reaccionarían mis padres.

-Quiero tener más amigos, preséntame con tus compañeros.-insistió click de una manera suplicante.

-Le dije que lo lamentaba pero que eso no iba a ser posible.

-¿Pero por qué? -reprochó Click.

-La gente es muy mala aquí en la Tierra, si te ven querrán matarte.

-¡Oh!, no y yo que pensé que me la pasaría muy bien.- se afligió el buen Click.

En eso estábamos cuando se escucharon ruidos y voces. – Era una muchedumbre que había visto bajar aquella bola de luz.

Tuve que esconder a Click, por que si la gente lo veía, no quiero ni pensar lo que podrían hacer. – Su búsqueda fue infructuosa.
Mas, como la gente es muy terca; al día siguiente nuevamente lo buscaron y lamentablemente lo encontraron.

Desesperadamente les pedí que no le hicieran daño. ¡Que era mi amigo, el hijo de las estrellas! Mi llanto no logró que no se lo llevaran.

Me ignoraron apartándome de tajo.

El me extendía sus alitas suplicándome ayuda, pero yo no pude hacer nada por salvarlo.

La gente es mala, causa dolor, no le importa hacer sufrir con tal de lograr lo que quiere.

Vendieron a Click a unos científicos de mal corazón. Quienes después de examinarlo y no encontrar nada extraordinario; decidieron eliminarlo pensando que podría provocar una enfermedad mortal por medio de sus destellos. – No les era útil solo era un ser raro y diminuto.

Pero yo no me podía quedar de brazos cruzados.- Al amigo hay que extenderle la mano.

Aprovechando un descuido de los guardias, me introduje al cuarto en donde lo tenían y no sé cómo logré desatarlo. Él, aunque en muy mal estado; tenía aliento para decirme con una sonrisa que agradecía el haberme conocido.

-¡Rápido! ¡Huye! Vuelve a tu mundo. – Le supliqué con impaciencia.

-Me solicitó que lo acompañara a las estrellas. – Le dije que me encantaría pero que mi vida es tan distinta a la de él. Que sin alimento moriría y que sin mi familia me sentiría un ser completamente triste.

Nos despedimos como lo suelen hacer los grandes amigos. El me recordaría como el niño que le salvó la vida y le brindó su confianza y cariño. Y yo agradezco el haberlo conocido por que me enseñó lo que es una verdadera amistad; en donde no existe la maldad, ni la avaricia, ni el egoísmo.

-Lo vi marcharse en un rápido vuelo. Las nubes lo envolvieron y aún así escuchaba el canto de su aleteo.

Mi amigo Click, está feliz, pues desde la Tierra lo puedo mirar como una lucecita en aquella lejana estrella. Su palpitar me dice que la vida es bella.

DICES...


Dices que no me quieres
que para ti soy de poca importancia.
Sin embargo, me buscas
y me recibes con ansias.

Yo sé que sin mí no puedes
vivir como se te da la gana;
porque quieras o no
soy en ti la llamarada.

Me encanta acariciarte
cuando tú me lo permites.
Ser eslabón en tu canto
y consuelo cuando estás triste.

Discúlpame por hacerte llorar,
nunca ha sido mi intención
pero en toda relación
siempre algo sale mal.

Dame la mano y caminemos
sin pensar en los tropiezos.
Déjame darte ternura,
elogios, cariños y besos.

Ya ves que no soy tan malo,
te he permitido soñar.
Hemos viajado y gozado;
hemos crecido a la par.

En tu naufragio me llevas.
En tu triunfo antorcha soy.
El tesoro más hermoso
brota a caudales del corazón.

Vida hermosa si cultivas
en tu pecho la ilusión.
Si te afanas con presteza,
si me amas como yo:

¡Ah! déjame decirte
que me gustas como eres:
preocupada y entusiasta
dedicada a tus quehaceres.

Recuerdo cuando nos conocimos,
te brillaban los ojitos.
yo me dejaba querer
despacio… muy despacito.

Así nos fuimos conociendo
hasta formar sociedad.
Tú me estrechas, yo te halago.
Tú me llevas aún contra mi voluntad.

A pesar de lo informal
soy todo un caballero.
Hoy me tienes en tu mano;
mañana, hablar de ello no prefiero.

Antes de despedirme
me nace darte un consejo:
Lucha por lo que quieres,
enciende tu propio fuego.

Mi nombre ya lo sabes
te lo escribe con esmero.
Soy el que te trae de un ala,
atentamente
: El dinero